Hoy, como cada día, en el metro...
... he venido desde mi casa hasta mi trabajo, donde estoy ahora. A mi alrededor el mundo se despereza, se pone lentamente en movimiento. El sol asoma detrás de los castillos de hormigón armado que forman el horizonte de esta ciudad. El viento fresco de Octubre intenta sacar colores a las mejillas de los viandantes que caminan por entre los árboles de esta ciudad universitaria.
Todos ellos, dormidos, como zombies, se mueven, nos movemos. El autobús traquetea. El ayuntamiento haría bien en destinar algo de dinero para asfaltar la avenida Complutense.
Salgo de un salto y aterrizo al lado del parque que se extiende entre las facultades de Físicas, Matemáticas y Químicas. Los árboles me miran inquisitivos, mientras se preguntan qué estado de ánimo tendrá hoy ese extraño ser de zapatos negros y camisa de cuadros que pasa por al lado de ellos. Hoy estaban coronados de un dorado halo hecho de luz de sol. Hoy estaban hermosos. Siempre están hermosos. Me gustaría poder decir lo mismo de mí.
Las personas, mis amigos, mis conocidos, mis compañeros de viaje... ¿qué va a ser de nosotros?
Todos ellos, dormidos, como zombies, se mueven, nos movemos. El autobús traquetea. El ayuntamiento haría bien en destinar algo de dinero para asfaltar la avenida Complutense.
Salgo de un salto y aterrizo al lado del parque que se extiende entre las facultades de Físicas, Matemáticas y Químicas. Los árboles me miran inquisitivos, mientras se preguntan qué estado de ánimo tendrá hoy ese extraño ser de zapatos negros y camisa de cuadros que pasa por al lado de ellos. Hoy estaban coronados de un dorado halo hecho de luz de sol. Hoy estaban hermosos. Siempre están hermosos. Me gustaría poder decir lo mismo de mí.
Las personas, mis amigos, mis conocidos, mis compañeros de viaje... ¿qué va a ser de nosotros?
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